Comparativa entre la mandíbula de un perro y la de la especie protagonista de nuestra historia. La increíble semejanza de sus dentaduras no debe sorprender ya que ambos son carnívoros a diferente escala.
Comparativa entre la mandíbula de un perro y la de la especie protagonista de nuestra historia. La increíble semejanza de sus dentaduras no debe sorprender ya que ambos son carnívoros a diferente escala.

¿Sabías que soy casi como un lobo en miniatura? ¿Que mi saliva contiene una sustancia que puede mantener a mis presas paralizadas durante días? ¿Que al archipiélago donde habito llegamos navegando? ¿O que mi corazón late hasta 1.000 veces por minuto y necesito estar continuamente comiendo? Soy "Mussa", un auténtico prodigio de la naturaleza, y te reto a que a través de las pistas de mi historia averigües quién soy.



No soy animal acuático ni tampoco navegante, y sin embargo fue a bordo de balsas de vegetación flotante como llegaron mis antepasados hasta las únicas islas del mundo donde hoy en día es posible encontrarnos. ¿Te parece asombroso? ... pues te contaría algunos detalles increíbles sobre aquella aventura, pero no puedo entretenerme porque hay otros datos alucinantes que tengo que darte sobre mí.

"Trompa", ojos pequeños y amplios pabellones auditivos (en parte disimulados por el pelaje) son claros rasgos distintivos de todas las musarañas canarias. Por el contrario, esa coloración de un vivo marrón oscuro es exclusiva de los ejemplares en los malpaíses de la Corona (al fondo el Volcán Corona)."Trompa", ojos pequeños y amplios pabellones auditivos (en parte disimulados por el pelaje) son claros rasgos distintivos de todas las musarañas canarias. Por el contrario, esa coloración de un vivo marrón oscuro es exclusiva de los ejemplares en los malpaíses de la Corona (al fondo el Volcán Corona).

Tengo ojos pequeños, orejas prominentes y “trompita” pero no soy un elefante, ya que mi peso es unas 100.000 veces menor que el de uno de esos enormes paquidermos. Y aunque a simple vista alguien podría confundirme con un ratón, lo cierto es que no estoy emparentada en absoluto con los roedores. Basta fijarse en mi dentadura para darse cuenta que está diseñada para apresar y desgarrar, como la de un perro o un lobo, por lo que claramente no soy un roedor, sino un depredador.

Mi mordedura presenta además una particularidad muy inusual en el grupo de los mamíferos, y es que mi saliva contiene una toxina capaz de paralizar a los insectos y lagartos de los que me alimento. Eso me facilita mantener mi despensa siempre bien surtida de carne, que al no estar muerta no corre el riesgo de descomponerse. Además soy muy voraz, porque mi metabolismo acelerado me obliga a comer cada pocas horas. Es una lástima que muchos humanos no sepan apreciar esta cualidad, porque gracias a mis dotes de cazadora soy una gran controladora de plagas ¡Ay, si me facilitasen un poco la vida aunque solo fuera para aprovecharse de mí de esa forma! Bastarían cosas tan sencillas como no envenenar mi comida con insecticidas, ponerme escondites en los campos de cultivo y mantener a raya a los gatos, que hacen escabechinas entre nosotras.

Retrato en mano de un pariente de "Mussa", en la Isla Lobos.Retrato en mano de un pariente de "Mussa", en la Isla Lobos.

Habito en lugares con nombres tan sugerentes como malpaíses, calderas de volcanes, coladas de lava, jameos y tubos volcánicos. Y aunque llevo ahí desde hace más de 30.000 años, mis verdaderos problemas empezaron hace 2.000 años con la colonización de mis islas por el hombre. Con él llegaron especies animales invasoras que nos han hecho desaparecer de algunos sitios, además de que, desde entonces, han introducido otros cambios y novedades que a menudo también nos perjudican. Hasta algo que algunos consideran tan "inofensivo" como tirar una botella de plástico al suelo se convierte a veces para nosotras en un ataúd, ya que entramos en ellas y luego no conseguimos salir.

Y te voy a contar una anécdota protagonizada por mí con los amigos de GREFA: a lo largo de 13 meses he aparecido cuatro veces en trampas colocadas por esta ONG para el seguimiento de mi especie, y tanto en la primera como en la última captura estaba preñada. Aunque no vayas a creer que he sido la única en caer en esas trampas, porque solo entre 2024 y 2026 GREFA ha conseguido conocer más de 100 compañeras mías. Pensarás que cómo nos hemos dejado capturar tantas veces, jeje, pero lo hemos hecho a propósito para permitirles averiguar importantes novedades biológicas sobre cuestiones como nuestra longevidad o la fidelidad de nuestros machos. Hasta ahora se creía que rara vez vivíamos más de un año y que los machos eran poco menos que vagabundos deambulando en busca de apareamiento, y gracias a mi captura y las de otras como yo hemos podido haceros saber que ni una cosa ni otra son como se pensaba.

Seguro que con toda la información que te he dado no te costará deducir que el lugar donde vivo son las islas orientales del archipiélago de Canarias y que soy una musaraña, pero no una cualquiera, sino nada menos que una fabulosa ¡¡musaraña canaria!!

Tanto "Mussa" como todas las musarañas canarias corren siempre a refugiarse en las fisuras de su hábitat natural en cuanto volvemos a liberarlas.Tanto "Mussa" como todas las musarañas canarias corren siempre a refugiarse en las fisuras de su hábitat natural en cuanto volvemos a liberarlas.

Si te apetece conocer más vidas de animales salvajes tan interesantes como la de "Mussa", accede al blog "Las Historias de GREFA". Y si quieres colaborar en nuestra labor de conservación, recuperación y seguimiento de especies como el buitre negro, para nosotros es fundamental tu ayuda. ¡Apoya a GREFA!

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