
“Ulises” conoció lo que es estar a las puertas de morir de hambre. Esta águila culebrera fue encontrada a principios de 2015 en Telde (Gran Canaria) en estado de emaciación severa, es decir, con una desnutrición y delgadez tan extrema que corría peligro de morir. Su peso era de solo 1.200 gramos, casi la mitad de lo que habría debido corresponderle. Pero “Ulises” logró sobrevivir y hoy recordamos aquí su odisea.
Hoy, Día Internacional de la Apreciación de los Murciélagos, nos hemos acordado de algo que ocurrió en el verano de 2014. Unas obras casi dejan aprisionados sin escapatoria a unos murciélagos en su refugio de un edificio de Quijorna (Madrid). Gracias a que alguien tuvo el acierto y la paciencia de rescatarlos uno a uno, ingresaron de golpe en el hospital de fauna de GREFA casi doscientos de estos fascinantes animales.
Pocas experiencias hay tan traumáticas como ver el propio hogar devorado por las llamas. Más aún si los retoños de la familia quedan atrapados en ese infierno. Semejante tragedia la sufrieron en junio de 2015 unas cigüeñas blancas que tenían su nido en el tejado del edificio del Ayuntamiento de Brunete (Madrid), donde se declaró un incendio que llegó a poner a estas aves en el límite entre la vida y la muerte.
Diminutos, con los ojos aún cerrados, helados de frío y acurrucados en el recoveco de un coche. Así es como fueron encontradas siete crías de lirón careto en un vehículo llevado al taller para reparar. La combinación entre ciudadanos ejemplares, rescatadores de GREFA y nuestra campaña de Pequeños Animales Huérfanos iba a ser la fórmula magistral que hizo posible cambiar el destino de esos maravillosos pequeñines.
Tres compañeros de GREFA caminan a duras penas por la nieve a través del Monte del Pilar, en Majadahonda (Madrid). Los tres viven cerca del Hospital de Fauna Salvaje de GREFA. Aún no saben que están a punto de protagonizar una lucha agotadora para salvar al mayor número posible de animales. La borrasca "Filomena" acababa de golpear con furia inédita, dejando su estela de destrucción en nuestra propia "casa".
Me llamo “Eufemia” y fui un águila real. Nací en GREFA, desde donde me mandaron a Galicia para que mi especie no desapareciera del noroeste peninsular. Pero fui tiroteada y tuve que regresar a GREFA como paciente. Allí lograron rehabilitarme y pude volver a Galicia. Aparecí en periódicos y televisiones, pero yo lo único que quería era volar y ser dueña de mi reino, el cielo. Y así lo hice durante diez años.
Tener un animal silvestre en cautividad nunca es buena idea: si se trata de especies autóctonas seguramente estén protegidas y puede ser delito, si son especies exóticas su fuga o su liberación causarían un alto impacto ambiental, y tanto en un caso como en otro el cautiverio suele acarrear graves problemas de salud para el animal que lo sufre. Un claro ejemplo de esto es el de "Kunta", un galápago europeo.
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